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 EN BUSCA DE LA PERFECCIÓN...
A finales de los '50, la llegada de la fotografía hizo que el trabajo de los ilustradores pasara a un segundo plano. La vieja guardia sucumbió. Los Elvgren, Petty, Vargas y compañía fueron olvidados por las nuevas revistas. Playboy causó sensación con su foto central de Marilyn Monroe en 1953 y Penthouse se abrió al vello púbico en 1970. En ese tiempo la sensualidad y la insinuación dejaron paso al destape más explícito y los retratos inocentes de pin-ups se convirtieron en referente de una época pasada.
Su influencia sin embargo se dejó ver en otros campos como el cómic, el cine y el arte. Especialmente interesante resulta el trabajo de Mel Ramos, integrante del Pop Art de los '60. Sus desnudos femeninos mezclados con productos de gran consumo consiguieron darle un nuevo aire a la sátira del consumismo.
Pero eso no fue todo. En los últimos años una nueva generación de artistas ha recuperado la herencia de las pin-ups en una corriente que, si bien no sigue los preceptos clásicos, debe mucha de su existencia a esas primeras "chicas bonitas". Gente como Olivia de Berardinis, Hajime Sorayama, Carlos Cartagena, Jennifer Janesko, Greg Hildebrandt, Alain Aslan y John Kacere han tomado esa herencia y le han agregado sus fantasías más fotorealísticas. El aerógrafo es su arma preferida y no esconden su gusto por el fetichismo y la opulencia. Y aunque carecen de la inocencia de sus predecesores todavía hay algunos, como Dave Stevens, que no se han olvidado de dibujar a una "buena chica" en una "mala situación" sin necesidad de enseñar cada detalle de su anatomía.
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