 |
Pocas veces ha acertado TVE como lo ha hecho con Operación Triunfo. Desde su estreno, la audiencia de este programa ha ido subiendo de manera ininterrumpida. La semana pasada casi alcanzaba los seis millones de espectadores, que es una cifra de final de la Liga de Campeones. Y esta semana ha superado ese listón numérico -listón que, psicológicamente, permite hablar de gran éxito- y se colocaba en una estruendosa cuota de pantalla del 38,5%.
Al compás de ese crecimiento sostenido, también la oferta del programa en cuestión se ha ido enriqueciendo: antes nos contaba sólo la vida de Carlos Lozano y sus muchachos, pero esta semana teníamos nada menos que a Sting y a Paul McCartney, lo cual da una idea de cómo ha ido subiendo la espuma a medida que se agitaba el share. El concepto de Operación Triunfo sigue ofreciendo un problemático encaje en las prioridades del servicio público, pero es indudable que el programa, en tanto que producto televisivo, ha trastornado todos los esquemas y merece contarse entre las grandes ideas de los últimos años.
Esta singular mezcla de Fama y Gran hermano, limados los aspectos más escabrosos del intimity-show y acentuados los rasgos fundamentales del show a secas, se ha convertido en un programa apto para todos los públicos no sólo por su temática 'blanca', sino también por la innegable calidad escénica de los concursantes, a los que hay que reconocerles muchas ganas de trabajar. Repito: seis millones de espectadores son muchos. Sobre todo si se da la circunstancia de que toda esta gente no se ha sentado ante la pantalla para ver un partido de fútbol o para satisfacer una curiosidad morbosa, sino para ver cómo unos muchachos cantan y bailan, aunque sea con el cebo de la emoción y el anzuelo de la fragilidad nerviosa de estas víctimas de la tele-pop.
Conviene recordar cuál era el objetivo directo de Operación triunfo: hacer del Festival de Eurovisión, cada vez más banal, gris y cansino, un argumento de interés masivo. Hace dos meses, eso parecía imposible. Hoy ya es una realidad. Y cuando llegue a Eurovisión el ganador de Operación triunfo, no cabe duda de que va a verse arropado por una expectación popular como no se conocía desde los tiempos de Massiel. TVE ha dado en el clavo. Si Operación Triunfo no entorpeciera la programación normal de La 2, la dicha sería casi completa.
EL CORREO 28.11.01
 |
 |