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 Rivaldo es un jugador atípico. Fuera del campo se muestra sereno y retraído pero en la cancha... Su potente zancada, su regate en carrera y su disparo infalible hacen de él uno de los futbolistas más temidos del fútbol mundial. |
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 Rivaldo es de esos jugadores que siempre busca la pelota. Cuando nadie quiere tomar la responsabilidad aparece él dispuesto a volver a intentar esa jugada imposible que rompa la maraña defensiva del rival. Sus detractores le acusan de no saber compartir el balón. Sus fans esperan que le llegue el esférico para que se invente algo y rompa el partido a su favor.
Lo cierto es que Rivaldo es temible porque es imprevisible, porque siempre busca el gol, porque tiene cualidades de futbolista enorme. En su afán por ganar, desborda una y otra vez, chuta, centra, aguanta el balón y atrae siempre a los defensas. Si la suerte le sonríe, Brasil puede tener en Rivaldo la llave de su quinto Mundial. Casi nada.

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-Nacido en el seno de una humilde familia de Recife, su vida profesional empezó en el Paulista, de donde pasó al que considera como el club de su vida, el FC Santa Cruz. Luego llegaron el Mogi Mirim, el Corinthians y el Palmeiras. Allí dejó un historial deportivo lleno de goles, trofeos y elogios. Sus hazañas convirtieron a Rivaldo en objeto de deseo de los grandes clubes de la liga española. El Deportivo de La Coruña se llevó el gato al agua y fichó a Rivaldo en 1996.
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-Jugando al lado de Bebeto y Mauro Silva, Rivaldo deleitó a la afición gallega. Pero su juego también gustó en otras latitudes. El Barça puso 4.000 millones de pesetas sobre la mesa y se lo llevó al Camp Nou. Allí Rivaldo ganaría ligas y copas. Destapó el tarro de las esencias y fue elegido mejor jugador del mundo y Balón de Oro. Con Brasil el idilio tardó en llegar. No fue a Mundial '94 y participó, sin mucha fortuna, en las Olimpiadas de Atlanta. Herido, Rivaldo desplegó todo su arsenal en Francia'98 pero no pudo evitar la derrota en la final ante la anfitriona. Después de un año marcado por las lesiones y los viajes, el astro llega a Corea supermotivado sabiendo que es su última fase final. Un extra peligrosísimo para los rivales de Brasil porque, ya se sabe, un Rivaldo hambriento es más que temible.
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