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El odio es la cólera de los débiles.
Si te enfadas tienes dos trabajos: enfadarte y desenfadarte.
Hay como una amarga complacencia en sufrir una injusticia que parece legitimar el odio.
Nada debe creerse de un ánimo irritado.
Lo irritante del amor es que se trata de un crimen que requiere un cómplice.
Uno es tan paciente consigo mismo que nunca se irrita con la propia estupidez.
No hay animal tan manso que atado no se irrite.
El hombre condenado a vivir con una mujer a quien no ama, siente las caricias de ésta como un irritante roce de cadenas.
Debe ser como un naufragio cuando una persona es ya vieja y todavía se irrita por algo.
No hay nada que irrite de forma tan aguda ni huela tan amargo como la vergüenza.
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