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El bien se toma como una plaza fuerte, a pecho descubierto y saltando por encima de las murallas.
Haz el bien, como quien canta sin medida cuando anda solitario a través de un bosque.
Alma mía, ya que no puedes otra cosa, pon la proa al bien, que Dios se encargará de hinchar las velas.
El bien es una pequeña parte del hombre muy sólida y de gran peso, que puede adquirir enormes caracteres y proporciones.
Sólo apreciamos los bienes de la vida por la eliminación de los males.
Es verdad que, aunque haya quien nunca logrará entenderlo, hay un goce en hacer bien por sólo el goce de hacerlo.
Quiero hacer bien en mi vida, para sentir en mi pecho esa dulzura escondida que engendra la indefinida satisfacción del bien hecho.
Soy más amigo del viento, que de la brisa... ¡y hay que hacer el bien deprisa, que el mal no pierde momento!
Si el bien es más difícil de hacer que el mal, haz el bien, aunque no sea más que para saborear el placer de la dificultad vencida.
Si el bien es tan difícil de hacer como el mal, haz el bien, si no quieres quedar sin excusa.
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