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De nada le sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive, pero siempre le es posible mejorarlos.
Al que vive temiendo nunca le tendré por libre.
La vejez es un exceso que aumenta por días.
En la vejez no se hace más que repetirse.
Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio.
El valor es hijo de la prudencia, no de la temeridad.
Nadie prueba la profundidad del río con ambos pies.
Si no quieres que nadie se entere, no lo hagas.
¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.
La primera víctima de la destemplanza es la propia libertad.
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