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Hay cosas que para saberlas no basta con haberlas aprendido.
La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia.
Muchos hombres pasan por sabios gracias a la ignorancia de los demás.
Todo lo que se ignora, se desprecia.
La oscuridad nos envuelve a todos, pero mientras el sabio tropieza en alguna pared,
el ignorante permanece tranquilo en el centro de la estancia.
Se necesita un gran conocimiento sólo para darse cuenta de la enormidad de la propia ignorancia.
La ignorancia puede ser curada, pero la estupidez es eterna.
Avergüénzate menos de confesar tu ignorancia que de porfiar en una necia discusión que la haga patente.
No maldigas la oscuridad, sólo prende una vela.
Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejaran ver las estrellas.
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