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En 1917 una profecía les fue comunicada a los tres pastores de Fátima, durante las visitas de un ser que se identificó como la Virgen María.
Reveló a los niños que la Gran Guerra, en
toda su potencia, llegaría a su fin pero que conduciría a otra más terrible. Para evitar que eso sucediese, el espíritu de la Virgen pedía que se consagrase Rusia al sagrado Corazón. En caso contrario, no sólo
sobrevendría otra guerra sino que Rusia extendería sus errores por todo el Globo. Esta profecía tuvo lugar unos meses antes de la revolución bolchevique. La profecía daba a entender que al final las fuerzas del bien
triunfarían y Rusia se convertiría, tal como de algún modo también vaticinó Edgard Cayce.
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