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Existen profecías que anuncian que el cielo volverá a oscurecerse y que esta terrible oscuridad abarcará toda la tierra provocando la muerte de mucha gente.
El apóstol San Juan
dice:
“El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia, y su reino se cubrió de tinieblas y los hombres de dolor se mordían las lenguas”
Nostradamus
describe la misma escena diciendo que ocurrirá el 10 de mayo.
Marie Julie Jahenny de la Faudais, en 1819, afirmó haber sido testigo, en una visión, de tres días y tres noches de continua oscuridad. La
oscuridad se iniciará cuando una nube roja como de sangre cubra el firmamento, provocando en la tierra un temblor como el del trueno, mientras las olas del mar se levantan con violencia. Las nubes se harán más espesas, los
rayos destruirán muchos edificios y la gente que esté en el exterior morirá por gases tóxicos. El sol y la luna se apagarán y la oscuridad será absoluta y la gente sólo podrá iluminarse con velas. Cuando las nubes se
dispersen, los muertos cubrirán el planeta y la mayoría de la humanidad habrá muerto.
Anna Maria Taigi y San Gaspare de Bufalo, en 1837 también tuvieron las mismas visiones de los tres días de oscuridad
y del aire cargado de pestilencia.
La hermana María de Jesús Crucificado tuvo la misma visión en 1878, y afirmó que sólo sobreviviría la cuarta parte de la humanidad.
Berthe Petit
recibió una revelación de la Virgen en 1943:
“El castigo se acercará en forma de nube, que se hará cada vez mayor y se extenderá hasta cubrirlo todo. Y entonces descenderán de ella relámpagos que aniquilarán a los hombres”
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