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Eran las doce de la mañana, había llegado a mi cita con Gran Hermano. El punto de encuentro era el hotel Montblanc en Vía Layetana. Llegué equipado con mi cámara fotográfica camuflada, tenía que conseguir toda la información posible.
Mientras esperaba en el vestíbulo, recordaba el día que llamé para inscribirme a los cástings, ante todo necesitaban a gente que nunca hubiera salido en televisión ni fuera modelo profesional... ¡Los engañé! ¡Soy modelo y he salido en la tele!
Seguía sentado en el vestíbulo cuando me llamaron siguiendo una rigurosa lista ordenada por orden de llegada al hotel Montblanc. Antes de subir a la habitación donde realizaríamos la primera prueba, nos hicieron firmar tres papeles. Lo que firmé fueron unos documentos en los que cedía mis derechos de imagen de todo lo que grabáramos a continuación. También nos hicieron rellenar una hoja explicando nuestras aficiones.
¡Llegó el gran momento! Nadie tenía que descubrir mi cámara, sentía que todos me miraban, pero yo tenía que cumplir mi misión. Llegó mi turno y subí a la tercera planta del hotel y entre en una habitación. Era una habitación con escasa luz y escandalosamente hortera. ¿Estaba en un cásting o en un motel de carretera? ¿Entraría un psicólogo o una mujer extraña que querría toquetearme?
Finalmente entró un cámara y una psicóloga llamada Marta. Me hicieron dejar las cosas encima de la cama, me tranquilicé cuando me percaté que no hacía falta que me desnudara. Se conformaron con que me pusiera detrás de la cama y les explicara mis motivaciones y cosas sobre mi vida. Todo fue muy rápido, casi no me dejaban tiempo a contestar.
Lo grabaron todo, después se despidieron y me dijeron que ya me llamarían. Estaba claro que en este primer cásting solo se fijaban en el físico y en una primera y rápida impresión de los candidatos. Tenía claro que superaría este primer cásting, el resto de competidores eran muy cutres. Mi Canon MV20 no me falló, aquí os dejo con las mejores fotos.
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