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Ambos son famosos por sus legendarios poderes y esa irritante resistencia a morir. Pero en una batalla, ¿cuál de los dos ganaría? No seremos nosotros quienes te demos la respuesta. Aquí tienes un perfil de cada uno para que saques tus propias conclusiones.
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Las leyendas cuentan diferentes formas de matar a un vampiro. Algunas aseguran que con una estaca en el corazón encuentran la muerte definitiva, otras que la estaca sólo los paraliza; los cristianos creen que hay que quemarlos para pacificar su alma atormentada... Pero todos coinciden en que hay que cortarles la cabeza.
Las cruces -si las acompaña una buena dosis de fe- y los ajos son dos elementos que pueden detener a los chupasangres. También son muy sensibles a los rayos del sol: una larga exposición a ellos incluso puede matarlos. ¡Ah!, y no les gusta nada ponerse ante un espejo.
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Otra gran invención del cine sobre los hombres lobo es la idea de que sólo se puede acabar con ellos disparándoles balas de plata. Y mejor aún si están benditas. En realidad, en la antigüedad no parecía hablarse mucho de las dificultades para matar a un hombre lobo. De lo que sí tenemos constancia es de los elementos que utilizaban entonces como medidas de protección: centeno, muérdago, ceniza...
Curiosamente, el licántropo y el vampiro tienen algo en común: en la antigüedad se creía que, al morir, un hombre lobo se convertía en vampiro si no se tomaban ciertas precauciones antes de enterrarlo.
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