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 LA HISTORIA
El hijo de la novia ha sido calificada como una película fundamentalmente argentina. Esta perogrullada no lo es tanto si se analiza la película desde su misma raíz. La cinta basa su fuerza en una historia hasta cierto punto cotidiana pero que en manos de unos personajes bellamente construidos cumple con creces el reto de emocionar al espectador.
El derrumbe de Rafael Belvedere, un cuarentón obsesionado por el trabajo en su pequeño restaurante familiar, sirve de punto de partida para esta historia que navega por las emociones y los sentimientos, sirviéndose del buen hacer de unos actores comprometidos y de un guión y unos diálogos cuidadosamente construidos. En este punto cabe destacar el trabajo de Campanella y Fernando Castets (coguionista habitual del realizador). Los diálogos tienen el sello de las mejores películas argentinas; creíbles, emotivos y con una buena dosis de sentido del humor.
Así se construye esta comedia de sabor porteño, con aroma de barrio y gente con la que es fácil identificarse. Una mezcla mesurada de risas y lágrimas que, con una Argentina herida como telón de fondo, consigue superar la mera crítica social para adentrarse en un mundo todavía más universal: el de los sentimientos. Unos sentimientos que al final, tal como refleja la historia, están siempre por encima del éxito económico y social.
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 EL REPARTO
Sin ser una película coral El hijo de la novia ha conseguido reunir a un grupo de actores excepcional donde destaca sobretodo la tripleta formada por Ricardo Darín, Héctor Alterio y Norma Aleandro. Sin menospreciar el trabajo del resto de intérpretes, las actuaciones de estos tres pesos pesados de la escena argentina engrandece una historia que, huyendo de los artificios y el confeti, busca sobretodo llegar a los sentimientos y a las personas. Y lo consigue.
Ricardo Darín interpreta a Rafael, un personaje tan hundido en el estrés como alejado de sus seres más cercanos. Darín dibuja con precisión este retrato en el que más de uno puede verse reflejado, completando un trabajo que emana credibilidad y buen hacer y que consigue vertebrar la historia en todo momento.
También es destacable el trabajo de Norma Aleandro en el papel de la madre, enferma de Alzehimer en una residencia. Superando la tentación de sobreactuar al personaje, la actriz argentina consigue recrear una Norma tan divertida como tierna y conmovedora, y sobretodo tan real que se puede adivinar en esa mujer entorpecida por la enfermedad a aquella otra joven de la que su marido todavía está enamorado.
Un marido que en la piel de un Héctor Alterio en plena madurez artística, cobra todavía mayor vuelo. Sin duda el personaje de Nino Belvedere, el padre del protagonista, consigue conmover y emocionar, tanto por la materia de la que está hecho (puro cariño) como por el irreprochable trabajo de Alterio, una vez más sobresaliente.
Pero sería injusto dejar de mencionar también el trabajo impecable de Eduardo Blanco en el papel de Juan Carlos, el actor amigo de Rafael, el de Natalia Verbeke en el papel de la novia o incluso la interpretación de Gimena Nóbile encarnando a Vicky, la hija del protagonista.
En definitiva, un elenco de actores que consigue hacer de El hijo de la novia una de las películas más sorprendentes de la temporada y una firme candidata al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.
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