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 Director
Amelie ha supuesto el esperado regreso del realizador francés Jean-Pierre Jeunet que, volviendo por sus fueros, ha conseguido deleitar a propios y extraños con otra cinta intimista, preñada de poesía, en la línea de su siempre recordada Delicatessen.
Tras probar suerte en Hollywood con la cuarta parte de Alien, Jeunet decidió volver a Francia para juntarse con su antiguo colaborador Guillaume Laurant y hacer realidad un proyecto que llevaba tiempo madurando: dar vida a Amelie Poulain, la entrañable y maravillosa muchacha que, mitad imaginación mitad ternura, ha revolucionado las taquillas de los cines de medio mundo.
Para el director, la mayor dificultad de la película fue "seleccionar anécdotas de la vida real e ideas completamente imaginarias que encajaran con la personalidad de los distintos personajes". A partir de ahí, ha construido una historia que vuelve a poner de manifiesto toda la fuerza de su mirada y la mágica sencillez de su mundo.
Sin duda, Jean-Pierre Jeunet es uno de los santo y seña de esta cinta que perdurará en la memoria de los amantes del mejor cine de autor.
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 ESTÉTICA
Amelie es de esas películas que dejan una huella en la retina del espectador. La historia se hilvana alrededor de una trama aparentemente simple pero tan rica en matices que cobra vida propia, creando un mundo nuevo, un mundo que embriaga y que gracias a la estética que Jeunet logra imprimir a sus creaciones multiplica por mil la fuerza de los personajes, de sus historias y de sus conflictos.
Cobijada en una tonalidad fundamentalmente amable y delicada, Amelie va llevando al espectador por las vidas de unos personajes casi mágicos, cuidadosamente recreados y tan reales que logran conectar a quien se sienta en la butaca con los sentimientos más nobles del alma humana.
Los escenarios de la película envuelven la historia, la enriquecen y la visten aportando esa ambientación a medio camino entre el barroco más colorista y la atmósfera propia de los cuentos.
Sin duda, la estética casi hipnótica de Amelie y el particular manejo del color y la cámara de Jeunet han contribuido definitivamente a hacerla candidata a cinco Oscar, entre los que se cuentan, como no podía ser menos, el de mejor Dirección artística y el de mejor Fotografía.
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