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Hacía tiempo que Peter Jackson creía que había llegado el momento de poner en marcha la primera reconstrucción cinematográfica íntegra de El señor de los anillos. Jackson y sus coguionistas dieron relevancia a temas eminentemente tolkienianos como el conflicto entre el Bien y el Mal, entre la naturaleza y el desarrollo industrial, entre la amistad y la corrupción: "Lo que intentamos hacer en nuestra adaptación es tratar estos temas como se merecen; y aunque es imposible ser del todo fiel a un libro, sobre todo si ese libro tiene mil páginas, hemos querido incorporar las cosas que interesaban más a Tolkien cuando lo escribió, convirtiéndolas en la base de las tres películas", explica Jackson. Para hacer realidad este ambicioso sueño ha sido necesaria la labor de una legión de creativos -expertos en infografía, diseñadores de armas medievales, escultores, lingüistas, estilistas, maquilladores, herreros y maquetistas-, además de un amplio elenco de actores y un equipo de figuración de más de 26.000 personas.
Sin embargo, no es la primera vez que El señor de los anillos llega a la gran pantalla. En 1978, La comunidad del anillo contó con una versión en dibujos animados que empleó los últimos avances técnicos de la época, pero no logró el éxito esperado. Desde entonces, nadie más se había atrevido a llevar al cine la obra de Tolkien... hasta que llegó Peter Jackson.
Llevar adelante la producción de este ambicioso proyecto fue toda una hazaña. Peter Jackson, su director, pasará a la historia del cine por ser el primer cineasta que se atreve a rodar tres películas a la vez. Según él, ésa era la única manera de conservar la naturaleza épica del relato.
La música de la Tierra Media debía de parecerse mucho al new age celta de Enya, ya que la artista irlandesa compuso dos temas de la banda sonora de la película. Uno de ellos, "May it be", se llevó una nominación al Oscar a la mejor canción.
Peter Jackson hace un cameo a lo Alfred Hitchcock en esta primera parte de la obra de Tolkien. Es el borracho que hay en la entrada de la taberna de El Poney Pisador.
Para ser más fieles a la obra, se impartieron a los protagonistas clases de élfico, uno de los idiomas que inventó Tolkien. El compromiso de recrear una lengua que hasta ahora sólo había existido en la imaginación de los lectores, supuso un gran desafío para actores y asesores.
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