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| Los piratas operaban en la zona del Caribe porque el tráfico de flotas españolas cargadas del oro y la plata, fruto del expolio de sus colonias, resultaba muy lucrativo para ellos. Pero no todos los piratas atacaban solo por enriquecerse. Algunos lo hacían por patriotismo y otros por venganza. |
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Durante la Edad de Oro de la piratería la isla de Tortuga fue como una fortaleza para los piratas así como Port Royal, en Jamaica, que era conocido como "la Sodoma del Nuevo Mundo". New Providence, en Bahamas, y Ocracoke, en Carolina del Norte, eran otros de los paraísos pirata del continente Americano. A partir de esos puntos piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros llevaban a cabo sus fechorías.
Filibustero (del francés flibustier ['que se hace del botin libremente']; también podría proceder del inglés fly-boat ['tipo de velero rápido']) era el nombre que recibía el pirata que en el siglo XVII formaba parte de los grupos que actuaban en el mar de las Antillas. El último triunfo de estos piratas fue la toma de Cartagena de Indias en 1697, con la ayuda de una flota de corsarios franceses. Desde entonces su número disminuyó rápidamente y no se encuentran referencias históricas de ellos a partir de del siglo XVIII.
Bucanero (en las lenguas caribes bucán es rejilla o trama de madera utilizada para ahumar la carne usada por los habitantes precolombinos de las Antillas) era en origen un habitante de la parte occidental de la isla de La Española (la Hispaniola), actual Haití, que se dedicaba a cazar vacas y cerdos salvajes para bucanear, es decir, ahumar, la carne y venderla a los navíos que navegaban por las aguas del mar Caribe.
Durante el siglo XVI se establecieron en la parte occidental de la isla, que había sido abandonada por los españoles, aventureros europeos, particularmente franceses, en su mayoría normandos, que copiaron de los amerindios (arawaks) la técnica de conservación de la carne y se dedicaron a preparar la piel de los animales cazados para venderla a los europeos de paso.
Cuando las autoridades españolas exterminaron a los animales en que se basaba el comercio de los bucaneros y las autoridades francesas, que gobernaban la isla de Tortuga, dictaron leyes en su contra, muchos de ellos se establecieron en dicha isla sumandose a los filibusteros, para dedicarse a la piratería, sobre todo contra los españoles.
A lo largo de los siglos XVII y XVIII el término, alternado con el de filibustero, pasó a ser sinónimo de pirata. Sin embargo, mientras los piratas solían limitar sus actividades al mar, los bucaneros no desdeñaban las actividades en tierra firme y se dedicaban al pillaje.
Corsario (del latín cursus ['carrera']) era el nombre que se concedía a los navegantes que, en virtud del permiso concedido por un gobierno en una carta de marca o patente de corso, capturaban y saqueaban el tráfico mercante de las naciones enemigas de ese gobierno.
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