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La idea de rodar Diablo nació hace seis años, cuando los productores Joseph Nittolo, Tucker Tooley y Vincent Newman se propusieron retratar, sin tópicos y con realismo, el submundo de los carteles de la droga. Con esta idea encargaron el guión a Christian Gudegast y Paul Scheuring quienes se pasaron cuatro años investigando. “Desde los chicos de la DEA al Departamento del Sheriff, pasando por los traficantes de droga, no hay blanco y negro", descubrió Gudegast. Y siguiendo esos medios tonos nació la trama de la película.
Con el guión acabado, los productores se fueron directos a por Vin Diesel. Como afirma Nittolo, “Sean Vetter es un hombre que no sólo busca cumplir la ley, sino que busca venganza. Vin aportaba el realismo que estábamos buscando”. Y Diesel, fascinado por el papel, no se lo pensó: “Al principio de la película Sean es el protagonista, le animas, pero en la segunda mitad se ha transformado”, señala el actor encantado con la dualidad de su personaje. Al final, Diesel se metió tanto en el proyecto que acabó colaborando incluso en la producción.
Pero todavía les faltaba un director. Y el elegido fue F. Gary Gray, un joven realizador que ya había hecho dos películas (Friday y Set It Off) con New Line Cinema y que ha destacado haciendo vídeos musicales raperos. Gray, que además admira El precio del poder de Brian De Palma, se entusiasmó con la idea de retratar el tráfico de drogas al lado de un actor como Vin Diesel: “Sabía que tenía una gran oportunidad de trabajar con un gran intérprete”, señala. Una admiración que al parecer se hizo recíproca: “Hay una candente verdad [en la película] que sólo Gary podía mostrar”, ha dicho Diesel de su "jefe".
Con los "capos" elegidos, el siguiente paso era completar el reparto y el equipo técnico. Para interpretar al compañero de Vetter, Demetrius Hicks, eligieron al prometedor Larenz Tate. “Un actor muy poderoso, como un joven Denzel Washington”, le piropea Diesel. Otro joven actor, Timothy Olyphant, encarnaría al incansable Hollywood Jack Slayton mientras el veterano Geno Silva haría de Lucero y la bella Jacqueline Obradors (Policías de Nueva York) de esposa de Vetter. En cuanto a los técnicos, Gray se rodeó de Jack N. Green (Sin perdón) como director de fotografía y de Ida Random diseñadora de producción. Para las escenas de acción el director de especialistas fue Tim Davison (Expediente X).
Un hombre clave en el rodaje fue el veterano policía Richard B. Valdemar, un oficial especializado en bandas y tráfico de drogas. Valdemar se reunió con los guionistas durante su proceso de investigación y se incorporó después al rodaje. “Richard creció en las calles así que entiende el mundo de las drogas y tiene un lazo con México. Podía hacerle preguntas sobre cualquier cosa y fue básico para ayudar a dar forma a la historia”, reconoce el director.
Ya con todo el engranaje a punto, Gray empezó a rodar. Durante diez semanas grabó, sin escatimar esfuerzos, entre Los Ángeles y Nuevo México. Y hasta tranformó el hangar del aeropuerto Inyokern de Indian Wells (California) en una frontera propicia para el contrabando. En marzo de 2001, Diablo, una producción que había costado 36 millones de dólares, quedaba lista para montar.
Una anécdota final...
Durante la promoción de la película, la compañía de videojuegos Blizzard Entertainment, creadora del conocido juego Diablo (1996), interpuso una demanda a los productores argumentando que tenía los derechos del nombre y que quería realizar una película basada en su juego. El caso fue resuelto en favor de Blizzard y la productora se vio obligada a cambiar el título en EEUU por "A Man Apart". El título para España se ha quedado en "Diablo (A Man Apart)".
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