 |
 |
 |
En 1997, La princesa Mononoke causaba sensación en el cine de animación. Camino de convertirse en la película japonesa más taquillera de la historia de ese país, su recaudación se acercaba ya a la de Titanic en los cines nipones. Hayao Miyazaki vivía el mejor momento de su carrera, y sin embargo pensó en retirarse de la industria: el agotamiento y el estrés podían con él. Claro que el cineasta sabía que la estabilidad financiera de los estudios Ghibli dependía de su continuidad en la productora, así que no tuvo más remedio que seguir adelante con su trabajo.
Fue entonces cuando surgió el proyecto de El viaje de Chihiro. A Miyazaki le apetecía hacer algo ligero y positivo, totalmente alejado de la complejidad de La princesa Mononoke. Tras interesarse en algunos textos infantiles, decidió escribir una historia que pudiera atraer en especial a las niñas de unos 10 años, un público bastante olvidado por los autores japoneses en opinión del propio Miyazaki.
Pensando en ellas creó a Chihiro, un personaje femenino que conecta con los deseos y preocupaciones de estas niñas. Podría decirse que la aventura fantástica narrada en el film es una especie de viaje iniciático para Chihiro, que descubre un mundo nuevo y debe aprender a valerse por sí misma.
Crear El viaje de Chihiro costó 19 millones de dólares. Una cifra cinco veces menor de lo que costaría una producción de Disney, pero realmente alta para una película de animación japonesa. Los estudios Ghibli combinaron en ella la tecnología digital con otras técnicas de animación: los personajes y decorados se pintaron a mano antes de escanearlos y digitalizarlos, y sólo se generaron por ordenador el acabado, la animación, los efectos especiales y los colores finales.
Para el equipo era primordial ofrecer una animación de alta calidad, en la que los dibujos pintados a mano estuviesen en perfecta armonía con los gráficos creados por ordenador. El objetivo era aprovechar tanto los adelantos de las técnicas modernas como las ventajas de los procesos tradicionales para aumentar la riqueza visual de las imágenes.
En este film, Miyazaki utilizó por primera vez el formato digital para añadir los colores y hacer el master. Además, es la primera película japonesa que utiliza el formato DLP (Digital Light Processing), un proceso revolucionario -utilizado ya por films como Toy Story 2 o La amenaza fantasma- que permite una proyección en las mejores condiciones de calidad.
El viaje de Chihiro ha cautivado a crítica y público no sólo en Japón, sino también en Europa y Estados Unidos. La popularidad alcanzada por Mizayaki a raíz del éxito de La princesa Mononoke funcionó como la mejor tarjeta de presentación para el film. La propia película hizo el resto: fantasía, modernidad y filosofía combinadas en una historia de aventuras diferente, que no recurre a la violencia ni abusa de los efectos especiales, y que aporta un granito de arena didáctico descubriendo a los niños valores como la amistad o la disciplina.
|
 |
 |