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Chicago está inspirada en hechos reales: los sensacionalistas juicios de Cook County, plasmados en 1925 en una obra por un periodista de juzgados del Chicago Tribune. Esta historia de asesinatos y manipulaciones mediáticas cosechó buenas críticas y dio lugar a dos versiones cinematográficas posteriores.
En 1975, la historia se convirtió por primera vez en musical. La versión original de Chicago -creada por John Kander, Fred Ebb y Bob Fosse- fue un gran éxito en Broadway: sus canciones y coreografías hicieron de ella un clásico del género.
Miramax adquirió los derechos del musical en 1994 con intención de convertir la aclamada producción teatral en una película. Pero la tarea resultó más difícil de lo previsto... Por aquel entonces, Miramax andaba en tratos con Rob Marshall, un reputado coreógrafo y director de Broadway, para llevar a la gran pantalla el musical Rent. Marshall aprovechó la oportunidad para dar a conocer sus ideas sobre una posible adaptación de Chicago, que pasaría por transformar los números musicales en proyecciones imaginarias de la protagonista, Roxie Hart. A los responsables de Miramax les gustó la idea y dieron luz verde al proyecto.
El guionista Bill Condon fue el encargado de plasmar sobre el papel las ideas de Marshall. Parte de su trabajo consistió en dar mayor complejidad psicológica a Roxie, resaltar los personajes secundarios y dotar al musical de un toque creativo y visualmente sorprendente.
Preparar las escenas musicales requirió un intenso entrenamiento por parte de todos los actores, pese a que algunos tenían ya experiencia en el teatro musical. Los ensayos interpretativos se compaginaban con los ensayos de voz y las coreografías, todas de Rob Marshall, que eran supervisadas por instructores de baile. Marshall coreografió meticulosamente cada baile para que se adaptara a la naturaleza de la escena y conectara bien con la "realidad" que la precedía.
La mayoría de las fantasías de Roxie se sitúan en un escenario imaginario denominado Onyx Club. El diseñador de producción, John Myhre, creó un original decorado lleno de detalles, destinado a convertise en pieza central de la película.
En cuanto al vestuario, la diseñadora Colleen Atwood se basó tanto en el estilo como en el arte de los años 20. De ahí que en los trajes de los actores se intuyan influencias del art deco, el cubismo y la Bauhaus. Cada vestido se creaba en función del tema musical en el que aparecería y de la personalidad del personaje que iba a llevarlo: la soñadora Roxie, por ejemplo, vestía colores suaves en la realidad y tonos más vivos en sus fantasías.
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