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¿Quién no ha soñado alguna vez con desvalijar un banco o un museo sin dejar ni una huella y desaparecer con el botín en alguna isla del Caribe? El golpe perfecto es un tema recurrente en el cine. Una especie de subgénero con vida propia dentro del thriller. Un reto que El Buen Ladrón resuelve con precisión de cirujano.
La película se inspira en un clásico de 1955, Bob Le Flambeur. La historia de un ladrón de guante blanco que malvive atrapado entre el juego y el vicio mientras sueña con dar su gran golpe. Una trama que interesó tanto a Neil Jordan (Juego de Lágrimas, Entrevista con el Vampiro, Michael Collins) que enseguida empezó a darle vueltas a la idea para sacar a Bob de 1955 y traerlo a nuestros días.
Pero el reto había que tomarlo con cautela. "Sólo merecería la pena si encontraba un enfoque tan sorprendente como el del golpe de Bob", recuerda. Y como tantas veces ocurre lo encontró en la prensa: "Entonces leí dos artículos: uno sobre el casino de Bellagio de Las Vegas y su colección de obras de Picasso; y otro, sobre varias obras impresionistas que se guardaban en cámaras acorazadas mientras las copias se exponían en las salas de juntas. De ahí surgió la idea de dar dos golpes, uno como tapadera del otro".
La idea de la copia y el original se convirtió así en el motor de la nueva trama. Y funcionaba. Ya con el guión a punto, Neil decidió llevar la historia a la Costa Azul, entre Montecarlo y la parte vieja de Niza. Una mezcla de glamour y bajos fondos, de opulencia y decadencia. El caldo de cultivo que estaba buscando.
Con el guión y las localizaciones a punto, Neil y el equipo de producción pusieron la máquina en marcha. Jordan empezó a buscar rostro para sus personajes y eligió a Nick Nolte para dar vida al protagonista. Nolte es un veterano de Hollywood famoso por su propensión a la mala vida. Un actor capaz de mezclar como ninguno el lujo con la vida decadente de un héroe venido a menos. Justo lo que Jordan necesitaba. El propio Nolte confiesa que no le costó meterse en la piel de Bob. Y lo cierto es que la película debe mucho a su trabajo.
Entre los secundarios destacan Emir Kusturica en el papel del genio de la informática Vladimir, las tablas del francés Tchéky Karyo y la aparición estelar de Ralph Fiennes como marchante de arte. El reparto se completó con actores del Viejo Continente, sobre todo franceses, y con la participación de la jovencísima promesa georgiana Nutsa Kukhianidze en el único papel femenino. Un elenco que le da colorido y riqueza a la historia y que funcionó como un reloj. "Éramos como una gran familia", recuerda la bellísima Nutsa.
El resultado final es una cinta a la vieja usanza, de las que ya no se hacen. Y como el propio Jordan reconoce, un homenaje a las películas europeas que le hicieron desear ser director de cine. Ahí es nada.
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