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Ernest Dickerson, el director del film, dio sus primeros pasos en el mundo del cine de terror con el primer capítulo de la saga "Historias de la cripta": Caballero del diablo (1995).
Al polifacético rapero Snoop Dogg, protagonista de Bones, no le basta con cantar, bailar y actuar. Recientemente, se ha involucrado en el mundo de la moda con su propia línea de ropa vaquera y deportiva. ¿El nombre de la marca? Snoop Dogg Clothing (SDC).
Desde el principio, Ernest Dickerson quiso que el mundo de Bones tuviera el estilo del cine clásico de terror. Para ello, decidió usar las técnicas propias de este género, sin renunciar a los efectos generados por ordenador, aunque dio prioridad a los efectos mecánicos, al maquillaje y a las prótesis.
En la película se utilizaron técnicas visuales de vanguardia, tanto mecánicas como informáticas. En las primeras escenas, las que cuentan la historia del asesinato de Bones, se utilizó una mini cámara digital PAL instalada en un aparejo descendiente y, luego, se retrocedió profundamente con la cámara para mostrar a Bones viéndose a sí mismo siendo asesinado y ascendiendo hacia la luz espectral, hacia aquello que, según creemos, es un mundo mejor.
La interpretación que hizo Dickerson de la ultraterrena Necrópolis, el país de los muertos que sirve como centro visual del film, ha resultado especialmente interesante. Se trata de una dimensión paralela a la nuestra y a la que no tienen acceso los vivos. Al morir de forma tan violenta y negarse a ir al cielo o al infierno, Jimmy Bones se queda en este país de los muertos y abre un pasaje de entrada que permite a los personajes humanos penetrar en ese mundo distinto. Para crear todo esto, empezaron a construir marcos grandes de madera y a sacar moldes en vivo de actores y amigos en las posturas más raras. Crearon un arsenal de cuerpos y partes de cuerpos y los incrustaron en las paredes. También tuvieron que pensar cómo hacer que esas paredes fueran articuladas, decidir dónde pondrían los cuerpos creados por técnica animatrónica y dónde pondrían a las personas reales, de forma que el resultado final se pareciera a una especie de tablero gigantesco de cuerpos amontonados, a una pared que palpitara, se convulsionara y tuviera expresiones faciales.
Hay una secuencia aterradoramente memorable, donde llueven gusanos sobre una pista de baile llena de gente. Aquí no podía haber trampa ni cartón: un "adiestrador de gusanos" se tuvo que ocupar de manejar a más de cien mil bestias auténticas.
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