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"Un buen lío es el mejor antídoto contra el aburrimiento" -Tim Sullivan.
Los Altar Boys llegaron a oídos del productor Jay Shapiro cuando la hermana de uno de sus socios le recomendó que leyera la novela The Dangerous Lives of Altar Boys de Chris Fuhrman. Shapiro encontró el libro delicioso, genial y tremendamente gracioso y se puso manos a la obra para llevar a la gran pantalla aquella conmovedora historia. Una vez adquiridos los derechos del libro, Shapiro pasó el proyecto al director Peter Care quien también se enamoró del material.
Por aquel entonces, Shapiro y Care estaban en negociaciones con Egg Pictures para producir otro proyecto. Las responsables de la productora, Jodie Foster y Meg LeFauve les preguntaron qué otras propuestas tenían en mente. Entonces se les habló sobre La peligrosa vida de los Altar Boys. Poco después, ambas se unían a Care y Shapiro, totalmente entregadas a llevar a cabo este proyecto.
En la historia, Tim y Francis escapan de la rutina diaria a través de la fantasía que les proporciona una tira de cómic. Una de las mayores dificultades a la hora de hacer la película, fue adaptar del libro esa rica vida interior de los muchachos. El equipo quería narrarlo de una manera que la hiciera única y original y, para ello, se decidieron por la animación: ya que los Altar Boys son dibujantes de cómics, la animación resultaba el modo más natural para entrar y salir de su mundo.
El guionista Jeff Stockwell fue incorporado para desarrollar la historia de los chicos e incorporar la subtrama hecha con animación. Los productores se pusieron entonces a buscar al hombre adecuado para hacerse cargo de las secuencias de animación del film. Y dieron con Todd McFarlane, un experto en crear universos oscuros y fantásticos, ideal para recrear el mundo imaginario y subversivo que fabrica la superdotada imaginación de los muchachos protagonistas.
Care tenía claro cómo quería que interactuara la acción real con la animación: "En la acción real, Francis vive un viaje iniciático que es a la vez psicológico y emocional. Y la animación es el viaje físico. Como en el mito griego, el héroe se aventura en un laberinto, consigue alcanzar el trofeo, y entonces debe luchar para llegar a la salida del laberinto". Para ayudar a ensamblar la animación con la acción real en algunas escenas, Care usó el gran angular y la cámara en movimiento.
A medida que la producción avanzaba, Jodie Foster se sintió cada vez más atraída por el papel de la Hermana Assumpta. Y al final se lo hizo suyo. Sus virtudes interpretativas dotaron al personaje de un gran verismo. Para sumergirse en el papel, Foster pasó un tiempo con monjas y estudió el ritual de la misa católica. Como anécdota, el primer día que apareció en el rodaje vestida de Hermana Assumpta, resultó tan auténtica que asustó a Emile Hirsch y Kieran Culkin.
Aunque la novela de Fuhrman estaba ambientada en Savannah, Georgia, durante los años 70, el equipo estuvo de acuerdo en no anclar la historia en un determinado lugar o época. Al principio eligieron rodar en Savannah, pero su inconfundible arquitectura sureña era fácilmente identificable. En aras a una localización más universal, acabaron decidiéndose por filmar en Charleston, Carolina del Sur, y Wilmington, Carolina del Norte.
Así, los interiores y exteriores del colegio fueron rodados en la antigua England High School de Charleston. Y los interiores de la iglesia en la Grace Church de Wentworth Street, también en Charleston, que fue renovada a toda prisa para pasar de ser la Iglesia anglicana que es, a la católica que representa en la ficción.
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