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 DAD es un padre atípico. Su hija Luna vive entregada a la videocámara y casi ni habla. Pero él está decidido a cambiar ese aislamiento de su niña. Por eso no duda en ponerse las chancletas y mezclarse con una tribu de fiesteros en el macroconcierto del verano.
RICARDO MOYA es un actor de largo recorrido, uno de esos secundarios de lujo que se ha pasado media vida en los escenarios a sus propias órdenes y a las de los mejores directores de teatro del país.
En el escenario, Ricardo Moya ha participado en montajes para el Centro Dramático Nacional, el Teatre Nacional de Catalunya, el Festival Grec de Barcelona, para la Compañía Nuria Espert, el El Tricicle o La Fura dels Baus. En cuanto a directores, Moya ha trabajado a las órdenes de nombres tan prestigiosos como Mario Gas o Lluís Pasqual.
Quizá por todo esto su paso por las grandes pantallas ha sido más bien testimonial. Su primera película fue La Mitad del Cielo (1986) de Manuel Gutiérrez Aragón donde hacía un papelito al lado de Ángela Molina y Fernando Fernán Gómez.
Entre obra y obra, Moya tardó doce años en volver a ponerse delante de una cámara. Fue en El Pianista del también director de teatro Mario Gas.
Sus últimas apariciones en el cine son Las Razones de mis amigos (2000) y A+ (2003).
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