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 | El banquero malhablado |  |
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Un hombre entra en un banco y le dice a la cajera:
- Quiero abrir una puta cuenta.
- Por favor, señor, está prohibido hablar de esa manera aquí.
- ¿Por qué mierda prohíben eso?
- Señor, le suplico deje de decir vulgaridades.
- Me importa un pito lo que piense usted, yo sólo quiero abrir una miserable cuenta en este puto banco.
Entonces la cajera se va y regresa con el presidente del banco. El presidente le pregunta al hombre:
- Disculpe, caballero ¿le puedo ayudar en algo?
- ¡ Carajo! Claro que sí. Acabo de ganar 35 millones de dólares en la lotería y quiero abrir una puta cuenta en este banco de mierda.
- Ya veo - dice el presidente -, y esta estúpida perra cabrona mal parida hija de puta le está molestando. |
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| Sexo en el hospital |
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Un hombre va a visitar a su esposa que llevaba varios años en coma. En esta visita decide acariciarle el pecho izquierdo en vez de sólo hablarle. Haciendo esto, a ella se le escapa un suspiro. El hombre sale corriendo para decírselo al doctor, y éste le dice que es una buena señal y que pruebe a acariciarle el pecho derecho. El hombre entra en la habitación, le acaricia el derecho y esto hace que suspire aún más fuerte. El doctor le sugiere al hombre que vaya dentro y que pruebe con sexo oral a ver si con eso se despierta. El hombre entra, y sale a los cinco minutos diciéndole al doctor que su mujer está muerta. El doctor le pregunta qué le ha pasado, a lo que el hombre le responde:
- Se ha ahogado, doctor. |
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| Ladrón de fruta |
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Harto de que cada noche le robaran los frutos de su huerto, Mauricio decide hacer guardia para pescar al ladrón in fraganti. Efectivamente, a medianoche, un pillo se sube al cerezo y empieza su hurto. Mauricio, sigilosamente, se situa debajo del árbol y alzando la mano le agarra fuertemente de los cataplines.
- ¡Ladrón! ¡Dime quién eres! ¡Cobarde! ¿Cómo te llamas? Hasta que no me lo digas no te soltaré. Repito: ¿Quién eres?
Cuanto más tardaba el ladrón en contestar, más le apretaba el paquete el hortelano.
- ¡Da la cara! ¡Dime de una vez quién eres! Si no te identificas, seguiré apretando...
Al final, con los cataplines del ladrón casi triturados, se produce el desenlace de esta escena:
- De una vez por todas: ¿Quién eres?
- El sor... do... mu... do... |
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